La sorpresa de Dios en el perdón: Una historia real del diálogo interreligioso

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Los cristianos son una minoría en el Chad. El Islam está avanzando hacia el sur y el peligro de los malentendidos y los conflictos. Entre los diferentes grupos religiosos y étnicos son una realidad. La presencia de los Misioneros del Verbo Divino ha servido para que ellos sean un instrumento de diálogo y para «construir puentes» entre los distintos grupos.

La división étnica y religiosa está también detrás de otro conflicto recurrente, que a veces se presenta con mucha violencia, entre agricultores y pastores, especialmente durante la siembra y las temporadas de cosecha cuando numerosos rebaños de vacas amenazan e invaden los campos. La Iglesia y la Congregación del Verbo Divino en Chad son promotores de la paz y la reconciliación; tienen un papel importante que desempeñar en esta zona de África, donde la industria del petróleo, las tensiones entre los agricultores y los pastores y el avance del Islam podrían crear problemas y dejar algunas personas al margen de la sociedad. José Antunes da Silva, misionero del Verbo Divino en Roma, está convencido de que Chad es un verdadero reto misionero propio de una Congregación como la nuestra.

El conflicto entre agricultores y pastores es uno de los problemas más graves, perjudiciales y siempre presentes en Chad, particularmente en Laramanaye. En la temporada de cosecha, que va más o menos de septiembre a diciembre de cada año, este conflicto se intensifica en su gravedad y su intensidad, dando a menudo como resultado la pérdida de vidas humanas.
En septiembre de 2013 por ejemplo, los misioneros del Verbo Divino en Chad estaban aterrados de saber que un pastor de uno de los tantos rebaños había matado a una mujer de la aldea de Betabar. Esta situación causó que todos en el lugar estuvieran muy asustados y que esperaran lo peor. Las autoridades locales fueron notificadas inmediatamente de la situación y se prepararon para intervenir en la eventualidad de una posible venganza. Si eso sucedía entonces lo más seguro era que iba a aumentar la violencia.
Siguiendo las costumbres locales, el presunto culpable debía pagar por el daño que había causado a la víctima y a su familia. La suma era 1.500.000 de francos de África Central equivalente a unos 3.000 dólares. El culpable no opuso resistencia a esta suma ni se negó a cumplir con este requisito tradicional. Sin embargo, la historia no terminó ahí; la sorpresa vino de parte de la familia de la víctima.
La familia de la víctima decidió no aceptar esta compensación, la cual no le devolvería nunca a su hermana muerta. Tras haber puesto toda su confianza en las manos de Dios, la familia de la víctima afirmó que ninguna cantidad de dinero podría acabar con el inmenso dolor de la pérdida de su ser querido. Por lo tanto, ellos decidieron mejor perdonar. Esta fue una actitud que sorprendió a todos pero que fue recibida como un gesto noble y cristiano. Este gesto de perdón dejo ver una profunda fe en Dios y a la vez, es un reflejo maravilloso de los valores cristianos que estamos llamados a poner en práctica. Las personas del lugar se dieron cuenta de que Dios es un Dios de amor, perdón y justicia.

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